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Aprendamos de GovTech y Web 3

Blogpost

¿Cuál es el rol de la WEB 3 en la transformación digital del Estado?

Por Lucas Jolías, Ana Castro y Jesús Cepeda

Primera etapa de la Web

En el plano de la modernización del Estado y la Administración Pública, la primera etapa de la web fue caracterizada por los primeros esfuerzos del Gobierno Digital. La web era vista como un medio más de comunicación, en donde los gobiernos tienen su presencia para comunicar y no tanto para ofrecer servicios. De allí que, en aquella época, los portales oficiales de gobierno eran administrados por las áreas de comunicación y prensa del gobierno, y muy pocos los casos en donde existían equipos específicos de tecnología o innovación. Los equipos de TI eran vistos como soporte a las operaciones habituales de un gobierno (por eso comúnmente dependían de Hacienda o Economía). En este mundo “pre-digital” los gobiernos funcionaban de manera inorgánica, con poca comunicación entre áreas y con procesos estancos.

Surgimiento de la Web 2: avances y limitaciones

La Web 2 trajo en el Estado el crecimiento de servicios online, así como la necesidad de utilizar las nuevas tecnologías como medio para generar una nueva relación con la ciudadanía (Gobierno Abierto). Es el boom de las secretarías o direcciones de innovación pública, modernización del Estado, Gobierno Abierto o similares, formando parte central de muchos gobiernos a la hora de planificar e implementar políticas públicas. La masividad del uso de Internet obligó a los gobiernos a ofrecer una mayor cantidad de servicios online y los portales de gobierno dejaron de ser vistos como un canal de comunicación y pasan a ser instancias de relación y transacción con la ciudadanía. Sin embargo, el modelo Web 2 de la administración pública ha sido un modelo estado-céntrico, en donde el énfasis ha estado en resolver los problemas burocráticos del Estado, cuyo principal desafío está en la interoperabilidad, pero sin una intervención sustancial del ciudadano. En el mejor de los casos, hoy contamos con gobiernos digitales fragmentados, con múltiples sistemas que no dialogan entre sí o bases de datos duplicadas e incongruentes. Esto se traduce en que el ciudadano tenga decenas de perfiles digitales, logins o usuarios, uno por cada organización pública que interactúa. Cada organismo se ha preocupado por imponer sus propios estándares, reglas o políticas de digitalización y el ciudadano ha tenido que adecuarse a las normas impuestas por cada organismo. En este modelo Web 2 del Gobierno Digital, el ciudadano es un beneficiario pasivo de las estrategias de digitalización del gobierno y debe adaptarse a los requerimientos, estándares y normas que impone la institución pública.

Al igual que en el sector privado, el advenimiento de la Web en el Estado generó cambios positivos ya que permitió a miles de ciudadanos acceder a servicios online, reducir la carga burocrática y el tiempo dedicado a hacer trámites, y mejorar la relación con su administración pública. Estos modelos centralizados han funcionado muy bien en países pequeños y unitarios, en donde las normas y reglas impuestas por un órgano central se cumplen hacia otros organismos o jurisdicciones. Los casos más exitosos son el de Estonia a nivel mundial y Uruguay en América Latina. Sin embargo, este modelo de gobernanza de datos públicos no ha tenido los mismos impactos en países grandes y federales como México, Argentina o Brasil. Allí la lógica de la interoperabilidad es completamente distinta, ya que la verticalidad de las decisiones no tiene la misma fuerza que en los países unitarios, y los problemas de interoperabilidad entre las organizaciones, la centralización de la información pública y la necesidad de poner al ciudadano en el centro han generado la necesidad de un nuevo modelo de gobernanza de datos públicos, uno más descentralizado.

Web 3: la oportunidad para la transformación digital del Estado

Presenciamos hoy una nueva era de Internet, en donde los datos estarían alojados en una red de computadoras usando blockchain en lugar de servidores centralizados y corporativos. Todavía estamos en una etapa muy inicial, en un futuro Internet probablemente tendría la misma apariencia pero las actividades que realicemos online estarían representadas por una billetera criptográfica y sitios web alojados a través de aplicaciones descentralizadas (dApps). La idea es construir sobre la infraestructura de blockchain una nueva oferta de servicios financieros, culturales, sociales y, por qué no, gubernamentales. La Web 3 será una enorme oportunidad para resolver estos problemas históricos de interoperabilidad en la administración pública, tanto dentro de un mismo país como a nivel regional. El ejemplo más claro se dió con la pandemia por COVID-19 y la necesidad de reconocimiento de los certificados de vacunación entre diversos países y regiones. El hecho de contar con identidades digitales administradas por los Estados (centralizadas) y con credenciales emitidas de similares características, hace que cada país deba realizar acuerdos con sus pares para dar reconocimiento a protocolos, estándares o bases de datos, con el objetivo de que la credencial de una persona pueda ser reconocida y verificada en otro país. Pero, ¿qué sucedería si contáramos con una infraestructura descentralizada en donde todos los Estados pudieran corroborar la información y credenciales emitidas por otros pares de manera estándar? ¿Qué pasaría si los Estados fueran validadores de un ID pero no emisores de las mismas, sino que la identidad sea propiedad de la persona mediante una infraestructura descentralizada?

Esta identidad descentralizada es una de las grandes promesas de la Web 3, simplificando con ella la relación que tiene la ciudadanía con las distintas organizaciones con las que interactúa. Para poder lograrlo, es necesario avanzar con la idea de single sign-on o inicio de sesión único, que permita un único método de autenticación en diferentes organismos, en lugar de inicios de sesión individuales para cada sitio. A diferencia del inicio único que proponen empresas como Facebook o Google, este single sign-on no requerirá que renuncies al control de tus datos personales. Al estar registrado en blockchain, todas las transacciones en la cadena de bloques son públicas, por lo que, técnicamente, todos pueden ver los activos y los datos asignados a una billetera específica. El hecho de que la identidad sea propiedad del ciudadano y no de la organización emisora (Estado), permitirá construir un modelo complementario de gobernanza de datos públicos, poniendo al ciudadano en el centro de la operación y los servicios del gobierno.

Nos llega el momento “conecta tu wallet”, que se ha extendido desde el mundo financiero hacia otros ámbitos como arte, bienes raíces y, también, gobierno. El mundo cripto trajo, al menos, una externalidad positiva: la posibilidad de extender a una gran cantidad de personas un esquema de llave pública / llave privada. Mientras que los Estados han promulgado durante décadas la firma digital con resultados bastante modestos a nivel mundial, el advenimiento de las criptomonedas permitió expandir rápidamente la posibilidad de que millones de personas tengan su propia llave pública. Esto abre la posibilidad de contar con identificadores únicos a nivel global, rompiendo las barreras territoriales de las identidades digitales otorgadas por los Estados, siendo así promesa no solo de interoperabilidad sino también de soberanía.


 

Autores

Lucas Jolias, Director de OS City


Lucas jolías, Director de OS City para América Latina




Lucas Jolias, Director de OS City


Ana Castro, Líder de crecimiento en OS City




Lucas Jolias, Director de OS City


Jesús Cepeda, Director de OS City para América Latina


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