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4 Tendencias en el uso de blockchain en el Estado

Por Lucas Jolías, Ana Castro y Jesús Cepeda

Blockchain y la Web 3 tienen un gran potencial transformador en nuestras instituciones públicas pero ¿cómo pueden hacerlo?

Blockchain es una tecnología que permite que podamos intercambiar valor o bienes sin la necesidad de contar con un intermediario de confianza (Nakamoto 2008). Una de las funciones de las instituciones es la de brindar confianza sobre transacciones, procesos o intercambios (Antonopoulos 2014, Buterin 2013). Por ejemplo, si yo acepto subirme a un avión piloteado por un completo extraño, es porque confío en que distintas instituciones (empresa, regulador, Estado, etc.) han evaluado y certificado las condiciones técnicas y psíquicas de ese piloto. Las instituciones me dan confianza que esa persona está capacitada para pilotear el avión, por lo que personalmente confío en el sistema y acepto subirme a ese vuelo.

Además de instituciones, existen tecnologías de confianza que complementan el trabajo de profesionales u organizaciones (Tapscott y Tapscott 2016). El ejemplo más simple es el del papel carbón: permite hacer copias de un mismo documento o información al instante, asegurando que, por ejemplo, todos los involucrados tengan la misma copia de un contrato. Blockchain es, al igual que el papel carbón, una tecnología de confianza (Iansiti y Lakhani 2017): es una base de datos distribuida donde se lleva registro de cada transacción o intercambio que se realice con misma copia al instante para todos los involucrados en la red. Ahí se encuentra lo innovador, ya que una vez que un registro se encuentra validado y es distribuido en cada uno de los integrantes (nodos) manipular, falsificar, borrar o crear cualquier tipo de modificación implica no solo convencer a la mayoría de los integrantes del cambio, sino también reconstruir todos los bloques subsecuentes en la cadena, lo cual demanda por un poder de cómputo de tal magnitud que podría considerarse imposible con las capacidades computacionales de actualidad, por ello se considera “inhackeable”.


¿De qué hablamos cuando hablamos de Blockchain?

Es preciso mencionar que cuando hablamos de blockchain estamos hablando de registros digitales distribuidos o DLT (por sus siglas en inglés: Distributed Ledger Technology). Estos DLT pueden ser públicos o permisionados. Los públicos son aquellos que tienen más años de experimentación y se utilizan en gran medida para las criptomonedas. Entre los blockchain públicos más conocidos se encuentran el de Bitcoin y el de Ethereum (Kasireddy 2017, Buterin 2013, Antonopoulos 2014, Nakamoto 2008). Que sean públicos quiere decir que cualquiera puede ser parte de esa blockchain, no se necesitan permisos para participar y son anónimas, por lo que no requieren la identidad de sus usuarios. Los registros privados están menos explorados y son utilizados principalmente en procesos de empresas privadas. La principal diferencia se encuentra en que al ser privados cuentan con sistemas de permisos (solo aquellos “invitados” pueden participar), requieren identificación de los nodos y no necesariamente necesitan de un mecanismo de minería para validar transacciones como sucede con las blockchain públicas. Al no contar con un sistema de minería, no es necesario tener una criptomoneda o token que permita recompensar a los mineros que certifican las transacciones, ni tampoco es necesaria la magnitud de cómputo de las redes públicas. Asimismo, la velocidad de las transacciones es mucho mayor, ya que el ecosistema es más pequeño y la cantidad de transferencias mucho menor. Sin embargo, una de las principales debilidades de estas DLT es su capacidad de construir confianza entre sus integrantes. Mientras que en el caso de las blockchain públicas (Bitcoin y Ethereum por lo menos), su fortaleza está en la gran cantidad de nodos que participan, la gran comunidad que respalda estos ecosistemas y el anonimato de los mismos; las blockchain permisionadas carecen de estas ventajas.


¿Por qué Blockchain puede impactar positivamente en el Estado?

Porque el Estado se sustenta en la burocracia y la burocracia es principalmente un registro (ledger). Un ledger confirma hechos: cuando existen dudas o no existe consenso, vamos al registro. En el Estado uno ve registros por todos lados. ¿Qué certifica mi nacionalidad, la propiedad de mi casa o mi identidad? Una gran base de datos que administra el Estado. Los registros de propiedad asignan quién posee qué y si su tierra está sujeta a determinadas normas o gravámenes. El registro de nacimientos, muertes o matrimonios certifica la existencia de individuos en momentos claves de su vida y utiliza esa información para confirmar identidades cuando esas personas interactúan con otros. La ciudadanía es una gran base de datos que registra quién tiene derechos y está sujeto a las obligaciones derivadas de la nacionalidad (Jolías 2018). Lo que no existe en un ledger, no existe para el Estado. De allí que pensar en registros o ledgers distribuidos sea una novedad en los ámbitos de gobierno. Blockchain podría hacer más eficiente la forma en la cual se gestionan lo registros públicos, además de mejorar la interoperabilidad de la administración pública (Jolías 2017, Atzori 2015). Como veremos más adelante, contar con un registro distribuido inalterable nos permite registrar información sobre credenciales o documentos oficiales sin la necesidad de que cada organismo comparta sus bases de datos entre sí.


Como se mencionó anteriormente, blockchain agrega seguridad a la información, ya que al ser una base de datos distribuida es casi imposible alterar o hackear la información contenida en la cadena. En segundo lugar cabe destacar la integridad, ya que garantiza que los datos no han sido modificados desde su creación sin el consentimiento de los que participan del proceso. Asimismo, y a diferencia de la firma digital, el blockchain permite además certificar la existencia de un documento o archivo. Los datos contenidos en la cadena de bloques vienen con su propia historia y la historia es una parte fundamental para probar su integridad; esta es una cualidad muy poderosa (Casey y Wong 2017). La procedencia digital, es decir, la prueba de que se produjo un evento digital, es el aporte más valioso de esta tecnología. Otra de las fortalezas es que permite simplificar la trazabilidad de un proceso, pudiendo auditarse de manera más simple, lo que a su vez otorga transparencia, de modo que terceras partes pueden auditar y controlar el accionar del Estado gracias a la información distribuida.


Primer tendencia: certificación


Actualmente, las experiencias en gobierno son experimentales. La gran mayoría tiende a la utilización de blockchain como un notariado digital, de manera que certifican documentos, información o etapas de un proceso (Jolías 2019). Este tipo de aplicaciones son la punta del iceberg y es donde comúnmente comienzan a experimentar los gobiernos. Consiste en utilizar el proceso de minería existente en las redes públicas (bitcoin o ethereum) para certificar documentos o información en general. Al contar con un time-stamp (marca de tiempo), uno puede certificar que determinada información existe y no ha sido alterada. Por ejemplo, en la municipalidad de Bahía Blanca (Argentina) se ha utilizado este proceso para certificar la entrega de subsidios del municipio, así como el gobierno nacional de Argentina lo utiliza para certificar el Boletín Oficial. La red de Bitcoin ya ofrece su propio servicio de notariado digital, pudiendo cualquier organismo o persona certificar información.


Segunda tendencia: digitalización


Una segunda tendencia está marcada por la digitalización de documentos oficiales bajo estándares internacionales. Vemos por ejemplo al Gobierno de Singapur refiriendo que pronto todos los documentos oficiales estarán en posesión de sus ciudadanos y bajo una misma billetera digital o wallet, que promete hacer las veces de una identidad digital mejorada que haga la vida más fácil, permitiendo el acceso (potenciado con características blockchain) a más de 460 agencias gubernamentales y más de 1700 servicios digitales al alcance de su mano. Apegarse a los estándares significa llevar los documentos oficiales hacia el concepto de credenciales verificables, cuyo principal objetivo es facilitar la portabilidad y el intercambio de información oficial fácil de verificar por cualquier tercero, creando un ecosistema abierto, confiable y conectado que permite una nueva economía digital que impulsa la eficiencia en la entrega de servicios y con ello el desarrollo económico.


Tercer tendencia: NFT


Una tercera tendencia, tiene que ver con la tokenización de un activo (fungible o no fungible - NFT), ya sea físico o digital. Tomemos como ejemplo la identificación de una persona. En el mundo pre-digital, el simple hecho de poseer un documento o un pasaporte certifica la identidad de la persona. Sin embargo, ese papel (documento) sólo sirve sí está asentado en un registro (ledger).


La identidad de una persona está dada por figurar en la base de datos nacional, mientras que el documento o el pasaporte es un token: una representación física de la información contenida en el ledger. En un mundo de papel, poseer el token indica la propiedad de ese derecho, ya sea en temas de identidad o propiedad privada. En el mundo digital, es posible unificar posesión y propiedad de un bien. Por ejemplo, los pasaportes digitales permiten a las autoridades de inmigración consultar la base de datos nacional y determinar si un pasajero puede viajar. De allí que muchos países han comenzado a experimentar con identidad digital o títulos de propiedad basados en blockchain. El proceso de propiedad y transferencia de activos, ya sea de propiedad física o de instrumentos financieros, generalmente implica múltiples interacciones y un largo recorrido en papel (Constantino Collindres 2016). Las agencias gubernamentales comienzan a reducir este proceso tanto digitalizando la información sobre la propiedad de los activos como almacenándola en registros de blockchain. Países como Estonia, Georgia, Canadá, Singapur o Finlandia, están experimentando con temas de identidad digital o registro de propiedad. Al contar con bases de datos distribuidas, todos los actores de un mismo proceso o “negocio”, cuentan con la misma información, rompiendo los silos estancos característicos de las administraciones públicas y resolviendo problemas de interoperabilidad.


Cuarta tendencia: DAOs


Y finalmente, una cuarta tendencia denota la creación y el reconocimiento de Organizaciones Autónomas Descentralizadas. Para esto tenemos el ejemplo del Estado de Wyoming en donde legalmente se reconoce a una DAO como una persona moral, específicamente como una LLC (lo que en México sería quizás una SA de CV). Debido a que las LLC pueden poseer tierras, esto crea un camino poderoso para la propiedad descentralizada de la tierra. Proyectos como CityDAO en el Estado de Wyoming, están explorando la propiedad descentralizada de activos, comenzando con un terreno en Wyoming donde cada parcela del terreno es un NFT (token no fungible, o bien, único) que puede ser de propiedad colectiva de la DAO o de forma individual. La digitalización de activos físicos democratiza el acceso, aumenta la transparencia, elimina a los “gatekeepers” (controladores) y reduce la complejidad y con ello los costos de transferencia y comprobación de pertenencia o fraude. En otras palabras, poner la tierra en blockchain tiene varios beneficios: las transferencias son instantáneas (complejidad legal reducida), se democratiza el acceso a la propiedad a través del crowdfunding ya que actualmente, la tierra solo está disponible para grandes inversores que pueden pagar una parcela completa, y se crea una base de datos que almacena la propiedad de la tierra en registros digitales abiertos y transparentes.


Esto abre una posibilidad hacia nuevos mecanismos de presupuesto público que van de los impuestos hacia la inversión democratizada en servicios públicos que no solo mejore los servicios sino que brinde retorno a los ciudadanos inversionistas.


Reflexiones

La adopción cada vez más extendida de criptomonedas y blockchain significa el advenimiento de una nueva era de Internet. La primera generación de Internet (Web 1), desde la década de los ochenta hasta el año 2000 aproximadamente, se destacó por ser un Internet de lectura para el individuo y el nacimiento de grandes compañías como Yahoo, LinkedIn, Google, Apple, Facebook y Amazon. La consolidación de estas grandes empresas dio el surgimiento a la segunda era de Internet (Web 2, desde los 2000 hasta nuestros días), la cual permitió que millones de personas pudieran acceder (lectura y escritura) a servicios y aplicaciones en Internet con extrema facilidad y bajo coste, pero trajera consigo los desafíos de las fake news, la manipulación, la invasión a la privacidad y el uso ético de información y algoritmos que hicieron un llamado por la descentralización. Hoy, la madurez y capacidades de la tecnología blockchain y ese llamado a la descentralización dan lugar a la Web 3, que se destaca por un usuario único (identidad digital y conjunto de credenciales), los tokens (criptomonedas y NFTs) y los nuevos modelos de gobernanza (DAOs y contratos inteligentes); todos impulsando hacia la evolución de todas las industrias, incluyendo al sector público.


 

Autores

Lucas Jolias, Director de OS City


Lucas jolías, Director de OS City para América Latina




Lucas Jolias, Director de OS City


Ana Castro, Líder de crecimiento en OS City




Lucas Jolias, Director de OS City


Jesús Cepeda, Director de OS City para América Latina


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